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Negocios

¿Persona física o empresa? La ruta para iniciar un negocio

Por admin · 7 de junio de 2026 · 4 min

Antes de iniciar un negocio en la Ciudad de México, una de las primeras decisiones consiste en definir cómo operará legal y fiscalmente. La elección entre registrarse como persona física o constituir una empresa puede afectar el pago de impuestos, la relación con posibles socios, el acceso a financiamiento y la capacidad de crecimiento.

La primera aclaración es importante: una Sociedad por Acciones Simplificada (SAS) no es una categoría separada de las personas morales. Se trata de una modalidad de sociedad mercantil que puede constituirse por medios electrónicos.

La ruta adecuada no siempre es la más compleja. Tampoco es necesariamente la más barata. Un negocio que apenas prueba su mercado tiene necesidades distintas a las de un proyecto que busca incorporar inversionistas, abrir sucursales o firmar contratos con clientes corporativos.

Persona física: una opción para comenzar en solitario

Una persona física es un individuo que realiza actividades económicas con derechos y obligaciones. Puede registrarse ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT) bajo el régimen que corresponda según su actividad y nivel de ingresos.

Esta alternativa puede ser útil para quien comienza solo, presta servicios, vende productos o necesita validar una idea antes de crear una empresa. Operar como persona física no significa trabajar en la informalidad: el emprendedor debe inscribirse en el Registro Federal de Contribuyentes (RFC), emitir facturas cuando corresponda y cumplir con sus declaraciones fiscales.

La persona física puede dejar de ser la opción más conveniente cuando el proyecto incorpora socios, requiere reglas claras para repartir utilidades, busca separar la operación comercial de la vida personal del fundador o contempla una expansión acelerada.

Persona moral: una estructura para proyectos con socios

Una persona moral es una entidad reconocida legalmente para adquirir derechos y asumir obligaciones. Puede abrir cuentas bancarias, firmar contratos, contratar personal y establecer reglas internas para la toma de decisiones.

Esta figura suele resultar más adecuada cuando existen varios socios, aportaciones de capital, acuerdos comerciales relevantes o planes de crecimiento. La sociedad permite definir quién administra, cuánto aporta cada integrante, cómo se reparten las utilidades y qué ocurre si una persona decide salir del proyecto.

Crear una empresa también implica más trabajo administrativo. Además de la constitución de la sociedad y el registro correspondiente, la persona moral debe tramitar su RFC, llevar una contabilidad adecuada y cumplir con las obligaciones fiscales derivadas de su actividad.

Formalizar una empresa tampoco garantiza el acceso automático a un crédito. Las instituciones financieras pueden revisar la antigüedad del negocio, sus ingresos comprobables, el historial crediticio y su capacidad de pago antes de aprobar un financiamiento.

SAS: una empresa que puede constituirse en línea

La Sociedad por Acciones Simplificada permite que una o más personas físicas constituyan una empresa mediante una plataforma electrónica de la Secretaría de Economía.

Para realizar el trámite, todos los accionistas deben contar con e.firma vigente. Además, al menos uno de ellos necesita obtener la autorización de uso de la denominación social.

La SAS puede resultar atractiva para proyectos que buscan comenzar con una estructura empresarial sin pasar inicialmente por un proceso más complejo. Sin embargo, no es adecuada para todos los negocios.

Esta modalidad tiene condiciones específicas. Para 2026, una SAS no puede rebasar ingresos totales anuales por 7 millones 678 mil 849.94 pesos. Si supera ese monto, debe transformarse en otro tipo de sociedad mercantil.

También existen restricciones para accionistas que controlen o administren otras sociedades mercantiles. Además, la SAS debe presentar un informe anual sobre su situación financiera. El incumplimiento de esta obligación puede generar consecuencias legales para la empresa.

La figura fiscal no sustituye los permisos en CDMX

Elegir entre persona física, persona moral o SAS no elimina los trámites locales. En la Ciudad de México, los establecimientos mercantiles deben revisar las reglas aplicables a su giro, ubicación y nivel de impacto.

Un comercio, una cafetería, un restaurante, un consultorio o un negocio desde casa pueden enfrentar requisitos distintos. Antes de firmar un contrato de renta o invertir en adecuaciones, conviene verificar el uso de suelo y los avisos o permisos necesarios para operar.

La decisión final debe partir de preguntas concretas: ¿el negocio tendrá uno o varios propietarios?, ¿necesita recibir inversión?, ¿firmará contratos relevantes?, ¿abrirá un local?, ¿contratará personal?, ¿sus ingresos podrían superar el límite previsto para una SAS?

Comenzar con una estructura sencilla puede ser razonable, pero improvisar la figura legal puede generar costos posteriores. Antes de registrarse, conviene revisar el modelo de negocio con una persona contadora y solicitar asesoría jurídica cuando existan socios, aportaciones importantes o riesgos contractuales.

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