Durante años, los especialistas en nutrición han insistido en la importancia de comer más verduras para cuidar la salud. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que no todas ofrecen los mismos beneficios para todas las personas y que el sexo podría influir en cuáles son las más efectivas para proteger el corazón.
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad Edith Cowan, en Australia, analizó los hábitos alimentarios de más de 600 adultos jóvenes y encontró diferencias importantes entre hombres y mujeres en la forma en que ciertos grupos de verduras se relacionan con la salud cardiovascular.
Los resultados muestran que los hombres jóvenes que consumían con mayor frecuencia legumbres, como frijoles, lentejas, garbanzos y guisantes, tenían menos probabilidades de presentar señales tempranas de enfermedades cardiovasculares. Entre estos indicadores se encuentran la presión arterial elevada, un aumento en la circunferencia de la cintura, niveles poco saludables de colesterol y alteraciones en la glucosa en sangre.
En el caso de las mujeres, los mayores beneficios se observaron con el consumo de verduras crucíferas, un grupo que incluye alimentos como el brócoli, la coliflor, el repollo y las coles de Bruselas. Las participantes que las consumían con mayor frecuencia mostraron un menor riesgo de presentar signos tempranos de enfermedades del corazón y diabetes tipo 2.
Uno de los hallazgos que más llamó la atención de los investigadores fue que bastaba con incorporar una porción diaria del grupo de verduras más favorable para observar una asociación con un mejor perfil de salud, incluso en personas de poco más de 20 años.
Aunque el estudio no demuestra una relación directa de causa y efecto, sí aporta evidencia de que la alimentación puede influir desde edades tempranas en factores que aumentan el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
La investigadora Therese O’Sullivan, del Instituto de Investigación en Nutrición e Innovación en Salud de la Universidad Edith Cowan, explicó que una posible razón de estas diferencias es que hombres y mujeres procesan algunos nutrientes y compuestos vegetales de manera distinta.
Según la especialista, los compuestos presentes en las legumbres podrían ejercer una mayor influencia sobre la testosterona, mientras que las sustancias bioactivas de las verduras crucíferas tendrían una interacción más importante con hormonas femeninas como el estrógeno y la progesterona.
Aunque estas hipótesis todavía deben confirmarse mediante nuevas investigaciones, los científicos consideran que los resultados abren la puerta al desarrollo de recomendaciones nutricionales más personalizadas según las características biológicas de cada persona.
Los autores también destacan que tanto las legumbres como las verduras crucíferas son alimentos accesibles, económicos y fáciles de incorporar a la alimentación cotidiana. Pueden consumirse en sopas, ensaladas, guisos, salteados o como acompañamiento de otros platillos, lo que facilita aumentar su presencia en la dieta diaria.
Además de sus posibles beneficios cardiovasculares, ambos grupos de alimentos aportan fibra, vitaminas, minerales, antioxidantes y compuestos vegetales que favorecen la salud digestiva, ayudan a controlar los niveles de azúcar en sangre y contribuyen a una alimentación equilibrada.
Los investigadores subrayan que, aunque el sexo podría influir en los beneficios específicos de ciertos vegetales, esto no significa que hombres y mujeres deban dejar de consumir otros tipos de verduras. Una dieta variada y rica en alimentos de origen vegetal sigue siendo una de las principales recomendaciones para reducir el riesgo de enfermedades crónicas.
El estudio fue publicado en la edición de agosto de la revista científica Nutrition, Metabolism and Cardiovascular Diseases y aporta nueva evidencia sobre cómo la nutrición personalizada podría desempeñar un papel cada vez más importante en la prevención de enfermedades cardiovasculares desde etapas tempranas de la vida.
