El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se soltó la sopa en una entrevista televisiva este 3 de enero de 2026, presumiendo como trofeo de guerra la captura del mandatario venezolano Nicolás Maduro. Con un tono de quien sabe que tiene la sartén por el mango, Trump relató que el operativo en Caracas fue una movida maestra, agarrando al líder chavista totalmente en curva dentro de una residencia fortificada, tanto que, según sus palabras, a Maduro no le dio tiempo ni de correr tras su muro de acero.
Pero la cosa no paró ahí, pues ya entrado en calor, el magnate gringo giró la mira telescópica hacia nuestro territorio. Sin pelos en la lengua, soltó una frase que cayó como balde de agua fría para la diplomacia nacional: «algo habrá que hacer con los cárteles en México». La declaración dejó ver que, tras el éxito en Sudamérica, al vecino del norte le andan sobrando ganas de poner orden en el patio ajeno.
Trump aseguró, con esa seguridad que lo caracteriza, que las organizaciones criminales prácticamente llevan las riendas en tierras aztecas. Para él, los cárteles gobiernan de facto, una afirmación que pone las barbas a remojar a más de uno en la política mexicana, pues insinúa que la autoridad local ha sido rebasada y que él trae la receta —no solicitada— para arreglar el despapaye.
Y para echarle más limón a la herida, el republicano confesó que ya le ha tirado la indirecta —y la directa— a la presidenta Claudia Sheinbaum. Reveló que en repetidas ocasiones le ha preguntado: «¿quieren que nosotros eliminemos a los cárteles?», pero según cuenta, del otro lado de la línea nomás no le dan el «sí», dejando la propuesta en el aire y la tensión a todo lo que da.
Regresando al mitote en Venezuela, Trump describió la acción militar como un «golpe a gran escala» y sacó pecho diciendo que no hubo ni un rasguño para sus tropas. Todo fue parte de una estrategia mayor para frenar el tráfico de drogas en el hemisferio occidental, pintando la captura de Maduro no como un fin político, sino como un manotazo duro contra el narcotráfico regional.
Este operativo no salió de la nada; ya se veía venir el nubarrón. La captura fue la cereza del pastel tras una serie de acciones que Estados Unidos venía cocinando, incluyendo ataques aéreos contra instalaciones y embarcaciones ligadas al trasiego de estupefacientes, cumpliendo las advertencias que el mismo Trump ya había lanzado días atrás.
La preocupación ahora es que el vecino del norte, con la adrenalina a tope por el éxito en Caracas, decida que es hora de aplicar la misma medicina de este lado del Río Bravo. La frase «algo habrá que hacer con México» resuena fuerte y sugiere que la paciencia en Washington se está agotando frente a la estrategia de seguridad mexicana.
El escenario se pone color de hormiga, pues al equiparar la situación de Venezuela con la de México bajo la bandera de la lucha contra el narco, se abre la puerta a presiones inéditas. Trump dejó claro que para él no hay fronteras cuando se trata de perseguir a quienes inundan sus calles de sustancias ilícitas, y parece que no aceptará un «no» por respuesta indefinidamente.
Habrá que ponerse truchas y leer entre líneas, porque si el operativo relámpago en Venezuela es el nuevo estándar de la política exterior de Trump, en México ya se deben estar encendiendo todas las alarmas. El mensaje fue fuerte y claro: nadie está a salvo si Washington decide que es hora de intervenir.